
Hambre, tengo mucha hambre… Hambre de cosas nuevas, hambre de ir más allá y demostrarme a mí mismo que puedo llegar donde me salga de los cojones… Hambre de sangre nueva, o como dije anteriormente: de sangre virgen.
La saturación, la rutina en mi trabajo, y por tanto, en mi vida, hace que me vuelva loco… No la locura que te lleva a internarte, de momento no he llegado a ese extremo… Hablo de la locura que te lleva a querer abandonarlo todo, mandarlo a la mierda y no volver a mirar atrás…
Debería sentirme afortunado por tener la vida que tengo, dedicándome a lo que me gusta y teniendo un buen reconocimiento por ello, una vida llamémosla acomodada, con gente que me quiere… Pero qué queréis que os diga, a veces cuando lo tienes todo, te sientes como si realmente no tuvieras nada… ¿qué contradictorio, no?. Afortunadamente, tengo a mi niño, por él lucho y tiro “p’alante”, si no.., ya habría abandonado hace un tiempo…
La ilustración al completo, como siempre en la galería: CLICK.
